«Dame pensando» se pronuncia como una pausa y funciona como un punto final. Quien lo dice no va a pensar. Quien lo escucha ya lo sabe.
Su ventaja sobre el «no» es que reparte la responsabilidad. El que pide queda esperando una respuesta que no va a llegar, y cuando finalmente entiende, la culpa es suya por no haber insistido.
Existe una versión intensificada, «dame pensando y te aviso», que es más definitiva. El «te aviso» no es un compromiso: es la garantía de que nadie va a avisar nada.
La única respuesta correcta es «dale, tranquilo». Reclamar rompe el acuerdo tácito y obliga a la otra persona a decir el no en voz alta, que es exactamente lo que la fórmula existe para evitar.
No hay registro documentado de un «dame pensando» que haya terminado en un sí. Hay quienes dicen conocer uno. Nadie ha podido nombrar a la persona.

