El país tiene dos temperaturas. «Achachay» cuando hace frío y «arrarray» cuando quema. Los grados centígrados son una referencia complementaria que casi nadie consulta.
Las dos vienen del kichwa y las dos sobrevivieron a todo, incluidos varios intentos escolares de reemplazarlas por vocabulario más neutro. Ninguno prosperó.
La ventaja sobre el número es que la palabra ya trae la reacción incorporada. Decir «hace catorce grados» obliga al otro a calcular. Decir «achachay» le informa además que hay que ponerse algo encima.
«Arrarray» tiene un uso adicional, el más frecuente, que no es climático: la olla, el plato recién servido, la plancha. Ahí no admite sustituto.
No existe una palabra para el clima agradable. Cuando el día está bueno, nadie dice nada. Se sale y ya.
