El buzón de sugerencias colgado junto a la puerta no ha sido abierto. Tiene polvo en la ranura, que es la prueba técnica de que nada ha entrado.
El mecanismo es que el buzón no existe para recibir quejas sino para cumplir una norma que exige tener un buzón. La norma se cumple con la caja, no con la lectura.
El bolígrafo amarrado con piola no tiene tinta desde hace tres administraciones.
Quien realmente quiere quejarse lo hace en voz alta, ahí mismo, y eso sí produce movimiento.
La llave del candado se perdió. Obviamente.

