El encebollado del domingo atiende a más personas en la mañana que muchos centros de salud en la semana. No pide cita, no pide cédula y no manda a volver.
El mecanismo es el caldo caliente aplicado sobre un cuerpo que la noche anterior tomó decisiones. El chifle encima no es adorno: es estructura.
Existe la variante con pan, la variante con arroz aparte y la variante de quien pide el caldo solo y jura que está bien. Esa última nunca está bien.
La regla es que el mejor encebollado siempre queda lejos de su casa y siempre se acaba a las once. Quien llega tarde recibe una explicación y ninguna solución.
El limón se lo pone usted. Nadie se lo va a poner.

