El letrero dice que la atención empieza a las ocho. A las ocho y veinte la ventanilla sigue vacía y hay siete personas paradas mirando el letrero como si fuera a cambiar.
El mecanismo es que el horario se refiere a la hora de llegada del personal, no a la hora en que empieza a atender. Entre una y otra pasan el café, la conversación y el encendido del sistema.
La variante del mediodía es peor: cierran a la una en punto con la precisión que no tuvieron en la mañana.
La consecuencia es que quien llega a las ocho y quien llega a las ocho y media son atendidos casi al mismo tiempo. El madrugón no rinde.
El sistema está lento hoy.

