El taxímetro está instalado en el tablero, tiene su sello y está apagado. Ha estado apagado toda la vida útil del vehículo.
El mecanismo es que el aparato sirve para pasar la revisión y la tarifa se define en la esquina, antes de subir, mirando al chofer a los ojos.
Si usted pide que lo prenda, hay dos respuestas posibles: «está dañado» o un silencio que significa lo mismo.
La consecuencia es que el precio depende de la lluvia, de la hora y de cómo esté usted vestido.
Con lluvia sube. Siempre sube.

