El ají de la casa no se vende y por eso es el mejor

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El ají de la casa no está a la venta. Se sirve, se comparte, se regala en una fundita, pero no se cobra. Quien ha intentado comprarlo recibe una negativa amable y ninguna explicación.

El mecanismo es que el ají no es un producto sino una señal de que usted está siendo atendido bien. Cobrarlo lo convertiría en otra cosa.

Cada casa tiene su versión. Una lleva maní, otra lleva tomate de árbol, otra lleva algo que la dueña no ha nombrado nunca en voz alta.

La regla general: mientras más feo el frasco, más serio el ají. El ají en envase bonito es decoración.

Y pica más de lo que usted calculó. Siempre.