Ceder el paso se interpreta como una provocación

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Usted frena y con la mano le indica al otro que pase. El otro no pasa. Lo mira. Sospecha. Los dos carros quedan detenidos en un empate que dura más de lo razonable.

El mecanismo es que en el tránsito local la amabilidad no está codificada. Lo que sí está codificado es la bocina, y esa sí se entiende al instante.

La variante peatonal es idéntica: el peatón espera a que el carro avance porque no cree que le estén cediendo el paso de verdad.

La consecuencia es que ceder el paso demora más que no cederlo.

Y atrás ya están pitando.