El almuerzo de tres dólares resiste otra crisis y nadie sabe cómo

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Portada tipográfica de EL MERCIO sobre fondo de color, con el titular en letras blancas y el rótulo de sección Sociedad.

Subió el arroz, subió el pollo, subió el gas y subió el arriendo del local. El almuerzo sigue en tres dólares.

Incluye sopa, segundo, jugo y a veces un postre que aparece sin anunciarse. La sopa no se pregunta: llega. Si uno no quiere sopa, igual llega, y se la lleva la señora con un gesto que obliga a dar explicaciones.

El mecanismo de ajuste no es el precio. Es el pollo, que va cambiando de tamaño según el mes. En temporada mala el segundo se llama «pollo», en singular, y hay que confiar.

Los economistas que han intentado explicar el fenómeno coinciden en que no debería existir. El precio no cubre los insumos si se contabiliza el trabajo de quien cocina. La respuesta habitual de quien cocina es que ese trabajo no se contabiliza.

Hay locales que ya cobran tres cincuenta y son mirados con desconfianza. Hay locales de cuatro que ponen mantel, que es la forma correcta de avisar.

Mientras el almuerzo esté en tres dólares, la crisis no ha llegado del todo. Es el último indicador que le queda al país y no lo publica ninguna institución.