La sopa se sirve aunque el termómetro marque treinta y cinco

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En pleno mediodía de calor, con ventilador prendido y camiseta pegada a la espalda, la sopa llega primero. No hay negociación posible.

El mecanismo es contractual: el almuerzo cuesta lo que cuesta porque incluye sopa, segundo y jugo. Rechazar la sopa no baja el precio, solo genera preocupación.

Quien dice «solo el segundo, por favor» recibe la sopa igual, servida más rápido y con cara de que se le está haciendo un favor.

La consecuencia es que el país entero suda a la una de la tarde y nadie lo relaciona con lo que acaba de tomar.

Y estaba buena. Ese es el problema.