La sala buena de la casa sigue sin ser usada

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La sala buena está adelante, tiene los muebles más caros de la casa y no se usa. Se limpia todas las semanas y se ocupa dos veces al año.

Las visitas que llegan de verdad —la comadre, el hermano, el vecino— pasan directo a la cocina, que es donde ocurre todo.

La sala buena se reserva para el cura, para los suegros la primera vez y para cuando viene alguien de afuera del país.

Sentarse ahí sin permiso, en especial siendo hijo o nieto, sigue siendo motivo de llamado de atención inmediato.

Los muebles están en perfecto estado después de veinte años. Es la única inversión de la casa que se conservó exactamente porque nunca se utilizó.