El plástico del control remoto es patrimonio intangible

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Se le puso una funda plástica el día que llegó, ajustada con una liga o directamente sellada con calor. Han pasado once años.

El plástico ya está amarillo y los botones se hunden con dificultad, pero el argumento sigue siendo el mismo: así no se ensucia.

El mismo criterio aplica al forro de la sala, al plástico del asiento del carro y al que trae el electrodoméstico nuevo, que en muchas casas nunca se retira.

La lógica es sólida y nadie la ha refutado: el objeto se cuida para cuando llegue el momento de usarlo bien. Ese momento no ha sido definido.

El televisor de ese control ya se dañó y se botó. El control sigue en el mueble, con su plástico, por si acaso.