Durante las primeras tres horas se habla del clima, del tráfico y de los hijos ajenos. Eso es la antesala.
La reunión de verdad empieza cuando alguien se para y dice «bueno, ya nos vamos». Ahí sale el tema que todos estaban esperando y la conversación dura otras dos horas.
La razón es técnica: de pie, junto a la puerta, con el bolso ya en la mano, nadie está obligado a sostener la conversación. Eso la vuelve segura y por lo tanto interesante.
Si alguien se vuelve a sentar, la reunión se reinicia por completo y hay que empezar otra vez por el tráfico.
Quienes se van temprano de verdad, sin anunciar, no se enteran de nada y suelen ser el tema del que se habla en la puerta.

