El paso cebra llegó al país hace cuatro décadas y desde entonces se mantiene en perfecto estado de conservación, salvo por el desgaste normal de los vehículos que pasan por encima.
Su función original era detener a los carros. En la adaptación local funciona al revés: el peatón que se para sobre las líneas blancas indica que está esperando, no que va a cruzar. El conductor lo entiende y acelera para no hacerlo perder tiempo.
«La franja es una zona de acumulación», explicó un técnico municipal. «El cruce se produce después, cuando hay espacio, y generalmente en otro lugar.»
El procedimiento correcto, según la costumbre, consiste en avanzar medio cuerpo, levantar una mano, esperar a que un carro se detenga por decisión propia y cruzar agradeciendo. El agradecimiento es obligatorio. La detención no.
En los municipios se repinta cada cierto tiempo con presupuesto asignado. El repintado sí funciona: la franja se ve nueva por unos meses.
Los pasos elevados, en cambio, sí se usan. Los usan los que ya cruzaron.



