Antes de abrir la puerta usted pregunta cuánto le cobra. El chofer dice una cifra. Usted dice otra. Se acuerda una tercera. Ese intercambio de seis segundos es lo último que queda del regateo en la vida urbana ecuatoriana.
El mecanismo es la asimetría: él sabe cuánto tráfico hay y usted sabe cuánto apuro tiene. Gana quien disimule mejor.
Subirse sin preguntar es aceptar de antemano la cifra que le digan al llegar, y esa cifra nunca es baja.
La regla del pasajero con experiencia: nombrar la ruta que quiere. Eso cambia el precio antes de arrancar.
Y no tiene cambio de veinte.



