El bolón no tiene tamaño estándar. Depende de la mano que lo arme esa mañana, y esa mano cambia de humor como cualquiera.
El mecanismo es que el verde se aplasta y se cierra a pulso. Si la señora está conversando, el bolón sale grande. Si está apurada, sale del tamaño de una decisión rápida.
El de chicharrón y el de queso no pesan igual, y el mixto es un acuerdo político entre los dos.
La regla del cliente frecuente: nunca reclamar por el tamaño. El reclamo se paga la semana siguiente.
Y con café pasado. Lo demás es otra cosa.

