Después de una década gloriosa explicándole a ecuatorianos, colombianos, chilenos y medio continente cómo debían votar “para no convertirse en Venezuela”, el venezolano promedio en el exilio acaba de descubrir el concepto de “no meterse en lo ajeno” exactamente cuando Trump bombardeó Caracas y capturó a Maduro .
“No opines porque no sabes nada”, tuiteó indignado el mismo tipo que escribió 247 hilos sobre por qué Petro era “Chávez 2.0” sin haber vivido en Colombia, por qué Lula “destruiría Brasil” sin hablar portugués, y por qué cualquier subsidio social en tu país era “el inicio de la dictadura venezolana” . Ahora que Estados Unidos invade militarmente Venezuela, captura a su presidente (fraudulento, sí, pero sin juicio internacional) y Trump anuncia que “gobernará el país para explotar su petróleo”, resulta que TÚ no tienes derecho a opinar “porque no has sufrido dictadura real, pana”.
Aclaremos: Maduro es un dictador cuya elección fue tan legítima como billete de tres dólares. Pero la ironía aquí no es defender al bigotón, sino señalar la gimnasia mental olímpica: el mismo que pasó años opinando sin invitación sobre elecciones democráticas en países ajenos, ahora exige silencio absoluto cuando cuestionas una invasión militar con bombardeos incluidos.
La lógica es impecable: cuando ÉL opina de tu país sin vivir ahí es “solidaridad democrática”; cuando TÚ cuestionas que bombardeen el suyo es “hablar de lo que no sabes”. Opinar es patriotismo cuando criticas izquierda ajena; opinar es injerencismo ignorante cuando cuestionas imperialismo gringo. El manual quedó claro: o todos podemos opinar de geopolítica, o nadie. Pero el buffet selectivo de hipocresía ya cerró.
Actualización: El mismo venezolano publicó un meme sobre “expertos de sofá” sin captar la ironía. La autoconsciencia también fue bombardeada en Caracas, aparentemente.
